Dos

El 18 de marzo hace dos años, pasadas las seis de la mañana, llegué a Madrid desde Panamá. Días antes había ido de Colombia a Panamá. Años antes había ido de Venezuela a Colombia. Ese día, a mediodía, tomé un vuelo a Barcelona. Valentina tenía un resfriado que nos hizo pagar más de cuatro euros por una botella de agua en un aeropuerto. Todavía nos reímos de ello. Desde entonces vivo aquí.

Siento que en dos años no he hecho “nada” y también que he vivido 17 vidas distintas. Este es un fragmento de mi diario:

“Creo que hace dos años no tenía siquiera conciencia de qué es una pandemia, o, como mucho, quizá tendría una idea bastante abstracta asociada a lo catastrófico. Hoy estoy viviendo una y, de muchas maneras, la vida se siente no tan distinta y radicalmente otra de la que era hace unos días. 

(…)

Los vecinos se gritan de edificio a edificio, escogen canciones para cantar desde las ventanas. Todo está cerrado, hay policías en las calles, en el supermercado me hacen separarme de mi hermana al entrar y mantener la distancia en los pasillos de los demás compradores. Estamos pocos a la vez. Incluso así, la vida se siente extrañamente normal. No sé cómo se supone que debe sentirse una pandemia. Hay miedo e incertidumbre y creo que me siento muy vulnerable de maneras que no logro identificar. Nos aislamos y en la calle cada quien va a lo suyo, con prisa. Pareciera que hasta evitamos mirarnos, todos apurados en hacer lo que tenemos que hacer para volver a casa a recluirnos. 

Me sigo levantando temprano. Me ducho, me visto y me tomo el café como todos los días. Mi hermana sigue a mi lado y papá y mamá al otro lado del teléfono. Hay una urgencia no sé de qué, que me hace decirle a las personas que les quiero mil veces por día.”

El resto son reflexiones privadas sobre otras cosas que han pasado desde el 18 de marzo de 2018.

«En suma, yo era una pregunta condenada a no calzar el signo de interrogación. O un navío que se transformaba en fosforescente penacho de dragón. O una nube que se demudaba conforme al movimiento.

Habitaba un lugar indeciso.

Mi historia era un largo recuento de inauditas torpezas, de infértiles averiguaciones, de fabulosas fábricas.» Rafael Cadenas

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