Cosas que aprendí en el 2019

  1. Que juzgué con excesiva dureza a mi madre.
  2. Que los errores de mi madre fueron producto de circunstancias más grandes que ella, que hizo lo mejor que pudo y, definitivamente, mucho más de lo humanamente posible.
  3. Que no juzgo con la misma dureza a mi padre.
  4. Que no importa cuánta teoría feminista y de cuidado me meta por los ojos, en el cerebro y en la biblioteca; necesito hacer una deconstrucción consciente de las ideas que guardo en torno a la maternidad.
  5. Que no tengo que esperar a que una situación me haya destruido para salir de ahí: puedo ver las señales y elegirme a mí.
  6. Que la abnegación es asfixiante.
  7. Que no soy capaz, o al menos no he llegado todavía allí, de cerrarme por completo.
  8. Que tenía razón la terapeuta todas las veces que me dijo con desparpajo: «No te creo cuando afirmas con tanta certeza que nunca más te vas a abrir a querer a alguien», por mucha rabia que me daba sentir que ella “pensaba que me conocía más que yo misma”.
  9. Que sí puedo volver a querer.
  10. Que la culpa –palabra pesada que se arrastra y corroe– no siempre es del otro, que la culpa no siempre es mía, que la culpa nunca es de uno solo sino de dos.
  11. A cambiar la palabra “culpa” por “responsabilidad”.
  12. Que la necesidad de control no es más que una herida del miedo al abandono.
  13. Que cuando dejo de intentar controlar hasta el mínimo detalle de absolutamente todo lo que pasa en mi vida, duermo mejor.
  14. Que puedo cambiar y sanar los comportamientos que no me sirven pero que no puedo –ni quiero– cambiar lo que soy como persona.
  15. Que las historias no se dividen en buenos y malos: están compuestas por personas con motivaciones propias.
  16. Que debería disculparme con mis exparejas por todas las veces que mi miedo al abandono me llevó a un apego malsano que terminó por asfixiar el amor.
  17. Que tengo un apego inseguro, y que es mi trabajo sanarlo.
  18. Que hay vínculos que sobreviven gracias a la amistad y a la poesía. Que el amor que queda después es mucho más profundo y puro.
  19. A moverme en Barcelona sin usar el Google Maps (o usarlo poco).
  20. Que arriesgarse es mi cosa menos favorita en el mundo y, al mismo tiempo, la que mejores resultados me da cuando me atrevo.
  21. Que puedo vomitar por la nariz.
  22. Que todo lo que escribo nace del vientre y se devuelve a él.
  23. Que de los padres uno siempre se despide sintiendo que pudo haberlo hecho mejor.
  24. Que “cuando la felicidad ocurre es como si no hubiera pasado nada antes, es una sensación que sólo ocurre en presente” (Deborah Levy).
  25. El placer de ir al teatro sola.
  26. Que antes del látigo debo anteponer la pregunta de si pude haberlo hecho distinto con la información y las circunstancias que tenía a la mano.
  27. Que el 98% de las cosas no son tan importantes.

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