A pesar de la cantidad de recomendaciones de series excelentes que rondan Internet y de los insistentes mensajes de mis amigas para que vea Fleabag, Gentleman Jack o Killing Eve, hace un par de semanas me encontré maratoneándome otra vez las primeras temporada de Gossip Girl como si tuviera dieciséis años de nuevo. 

Y allí, en medio de la paradójica comodidad de consumir contenido ya visto, predecible, seguro, encontré otra señal de algo a lo que la vida tiene meses empujándome. En la segunda temporada, el personaje de Noah Shapiro le dice a Dan: «A cardinal rule of writing: if your work’s too safe then do something dangerous». 

Do something dangerous. 

Do something dangerous.

Do something dangerous.

La frase se repite en mi cabeza como una rumiación, como un mantra. M me dijo ayer que dejara de rumiar obsesivamente pensamientos autodegradantes, pero creo que este le gustaría porque no me hace daño; al contrario, me lleva a aquello mismo en lo que ella tanto insiste: flexibiliza la muralla, entiende que los límites te protegen pero son únicos en cada circunstancia, no son estáticos, hay que reconfigurarlos constantemente. Acércate a la reja de tu guarida, asómate y ve qué hay fuera. No tienes que salir, solo observa. Pon un pie fuera cuando te sientas cómoda. 

Do something dangerous.

Lo peligroso, para mí, no implica un paracaídas ni convertirme en nómada y mudarme al Ártico. Mis amigos aportan ideas: ve al karaoke, pídele el número a alguna chica guapa, lee algo que nunca cogerías en la librería. Hay seguridad incluso en lo “espontáneo” porque, para alguien como yo que soy rígida, necia, costumbrista—, lo peligroso puede ser tan sencillo como colorear un poco por fuera de la línea, salirme de los límites autoimpuestos, dejar por un rato de intentar controlar todo lo que se mueve en mi entorno. Comprar un billete de tren e irme a Madrid sin planificar.

«Nada de lo que sale aquí es casualidad, mira: a veces hay que irse para encontrarse», suelta M cuando hablamos de guiris que se caen borrachos de balcones. 

Quizá hacer algo espontáneo también signifique escribir sin miedo a ofender. O buscar palabras para nombrar el bienestar ignorando el lastre rumiante de pensar que no me lo merezco. Lo que sea que signifique merecer.

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