Selecto inventario de (ni tan) olvidos

Nunca voy a querer tener hijos y no me voy a sacrificar por ti. El tiempo y la energía que invertimos aquí estarían mejor invertidos en nuestros proyectos personales. Pero, Vicky, no te voy a presentar a mi hermano. Me da miedo convertirme en mi papá y, cuando sea profesora, querer follarme a todas mis estudiantes. Ven. Mejor no, mis amigos me dijeron que si podemos estar solo nosotros. Nos vemos el miércoles, seguro [en doce meses enteros no ha llegado el miércoles]. Vas a empezar a llorar y voy a taparme los oídos y a mirar a otro sitio. Voy a golpear la pared y te van a temblar tanto las piernas que vas a vomitar en un basurero de la Diagonal. Si no me mandas a la mierda tú, te voy a mandar a la mierda yo. He hecho muchísimo daño y, si te lo cuento, es porque quiero que lo sepas todo y que, si algún día alguien se sienta frente a nosotras creyendo conocerme, tú sepas que te lo he contado todo. Después de ti decidí que no quería ser lesbiana y encontré el hombre perfecto para mí. No quiero planear nada. He quedado con mi peluquera y con mi prima y con mi amiga y con el conejo recién adoptado del vecino, pero no quiero hacer planes, no contigo. 

Vas a ser la mano que coja la mía y atraviese conmigo todos los altibajos de los últimos meses pero, cuando sea mi turno de sostenerte, voy a soltarte. No voy a darte ni un par de meses de adaptación. Tu necesidad me sofoca. Te aferras a mí como lo único seguro en tu vida y eso me asfixia. Te echo de menos, pero voy a ignorar tu dolor. Nunca voy a disculparme. Nunca voy a mirarte a los ojos y a reconocer que te herí. Voy a pronunciar todas las excusas del libro, todas las que regresan a mí. Yo lo he pasado peor, siempre. Destruirme fue el castigo perfecto por haberte hecho daño. 

Estoy en Barcelona, no sabía si decírtelo o no. Prometo no volver a buscarte. Pero que quede en el registro que yo nunca quise hacerte daño, cúlpame de lo que te dé la gana. Porque eso es lo que importa: el registro. Cómo queda escrita la historia. No el daño hecho, lo que importa es que quede perfectamente escrito que no fue intencional. El infierno está lleno de buenas intenciones. No importa disculparse. Lo único que importa es que, en el registro imaginario, quede impoluta. [Cuánta soberbia en que lo único que te importe del dolor ajeno es cómo te hace lucir a ti]. 

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