Un camino verde hacia la autonomía corporal

elpaís
Foto: El País

Resulta un tanto irreal escribir que la maternidad, en pleno 2018, aún no es –en muchos casos– una decisión consciente, voluntaria, escogida. La maternidad se convierte, a veces, en un lastre impuesto por la sociedad, la religión, el patriarcado e, incluso, el sistema legal. En un castigo a la mujer por haber tenido sexo.

Tras un debate de más de veinte horas, en Argentina la Cámara de Diputados votó 129 votos a favor versus 125 en contra por la despenalización del aborto, el proyecto de ley para la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 (Ley del Aborto Seguro, Legal y Gratuito). Ahora, el Senado debe transformar este proyecto en ley. La batalla no está ganada aún, pero qué paso tan grande, importante y significativo se ha dado en pro de los derechos de las mujeres sobre sus cuerpos.

Actualmente, el aborto es ilegal en Argentina, excepto en casos en los que la mujer haya sido violada o si corre en riesgo su salud. La pena para quienes abortan acarrea cárcel. ¿Han dejado de abortar las mujeres? Por supuesto que no. La penalización del aborto sigue significando lo que ha significado siempre: una penalización a la pobreza.

Las mujeres con acceso a recursos económicos siguen abortando, seguras, tras el silencio de las puertas de sus médicos de confianza, en condiciones que no implican ningún peligro para ellas y con la única carga de guardar el secreto, si así desean. Mientras tanto, las mujeres pobres mueren a raíz de abortos clandestinos en condiciones menos que deseables, a través de procedimientos peligros e irresponsables. Aquí no se está, ni se ha estado nunca, debatiendo si los abortos seguirán ocurriendo o no. Se está debatiendo el derecho de las mujeres a acceder al procedimiento sin que su cuenta bancaria o procedencia socioecónomica determine si se van a morir o no.

Según datos de El País, en Argentina cada año son internadas unas cincuenta mil mujeres por complicaciones derivadas de abortos clandestinos, y aproximadamente cincuenta mueren. Entonces, ¿qué vidas realmente les importan a los llamados pro vida? Porque, definitivamente, las de esas mujeres que mueren con el útero desgarrado no. Tampoco las de los fetos, una vez que nacen. Cuando ya no pueden hacer política en útero ajeno, para los pro vida esos niños son solo una carga más para el Estado argentino, un niño más en la calle, un niño más que no tendrá acceso a una calidad de vida óptima para desenvolverse en la sociedad.

Penalizar el aborto es el deseo sádico de penalizar a las mujeres por tener sexo. “Argumentos” como “existen los métodos anticonceptivos”, “si no se cuidan, que acarreen las consecuencias”, “quién la mandó a follar” son el pan de cada día. Estas afirmaciones, cegadas de privilegio, desconocen por completo las complejas realidades que implica crecer en un entorno con una educación sexual deficiente (o inexistente), un acceso a métodos anticonceptivos prácticamente nulo, desconocen lo que significa crecer en un entorno donde la iniciación sexual temprana es la norma y donde, en la mayoría de los casos, no se conocen otras alternativas.

Voy a redundar en este punto tan relevante: las mujeres siempre han abortado y seguirán haciéndolo. Ninguna ley hará, nunca, que dejen de practicarse abortos. Entonces, si no estamos discutiendo el si las mujeres abortarán o no, ¿por qué algunos están tan firmemente empeñados en castigar a las que no pueden pagarse un aborto seguro? ¿Por qué la maternidad tiene que ser un castigo por haber tenido sexo? ¿El no querer tener un hijo no es razón suficiente para no tenerlo?

Constantemente se pasa por alto una noción elemental: estar a favor del aborto no significa abortar. No implica que nadie, nunca, te obligará a abortar. Como sí ocurre si tienes un embarazo no deseado: hasta ahora, estás obligada a tener el niño, a menos que te practiques un aborto clandestino.

No puedo jurarlo, pero si hay algo que yo deseo fervientemente en la vida es ser mamá. Estoy bastante segura de que si yo estuviera en una situación de un embarazo no deseado, por la circunstancia que fuera, no abortaría. Pero esa soy yo: y poder tomar la decisión de elegir sobre mi cuerpo debería ser el escenario para todas las mujeres, no solo para aquellas que sí queremos ser madres, o para aquellas que pueden pasar un sobre bajo el escritorio y abortar sabiendo que no están en riesgo.

No voy a entrar tampoco en debates sobre la adopción o “mejores alternativas” para el feto. Sugerir la adopción como camino fácil es ignorante y ofensivo. Implica que, de igual forma, se le impondrá a la mujer el atravesar un proceso profundamente traumático para el cuerpo y la salud mental, como lo son el embarazo y el parto, en caso de no ser deseado.

Esta media sentencia en la legislación argentina es un triunfo enorme para el movimiento feminista. Es un triunfo para todas las mujeres, un paso más hacia la autonomía sobre nuestros cuerpos, que por siglos ha reposado en manos y mentes masculinas a través de la maquinaria del Estado.

Argentina se convertiría, si el Senado pasa la ley, en el tercer país latinoamericano en legalizar la interrupción voluntaria del embarazo (después de Cuba y Uruguay). En el resto, seguiremos escondiendo cadáveres de mujeres pobres bajo la alfombra mientras vamos a misa el domingo a darnos golpes de pecho. Como leí por ahí: “sobrevivir a un aborto es privilegio de clase”. Qué vergüenza.

(Para más información, vale la pena leer esta crónica de The Guardian).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s